Masa muscular después de los 40: cómo cuidarla para ganar fuerza, autonomía y salud

Fuerza realista después de los 40

Masa muscular después de los 40: cómo cuidarla para ganar fuerza, autonomía y salud

Durante años, hablar de músculo en mujeres se asoció casi exclusivamente con estética. Pero después de los 40 hay una razón mucho más importante para prestarle atención: el músculo forma parte de nuestra capacidad para movernos, levantarnos, cargar peso, subir escaleras y mantener autonomía con el paso del tiempo.

Además, masa muscular y fuerza no son exactamente lo mismo. Los consensos actuales sobre sarcopenia —la pérdida relacionada con la edad de músculo y función— conceden especial importancia a la fuerza y al rendimiento físico, no solo a cuánto músculo vemos o mide una prueba.

¿Qué cambia después de los 40?

El envejecimiento muscular es gradual y está influido por muchos factores: nivel de actividad física, alimentación, enfermedades, descanso y otros aspectos de salud. En las mujeres, la transición menopáusica añade cambios hormonales que pueden coincidir con modificaciones en fuerza y rendimiento físico.

Un estudio longitudinal observó descensos de fuerza y potencia durante la transición hacia la posmenopausia. Esto no significa que todas las mujeres vayan a perder músculo de la misma manera ni que la menopausia determine por sí sola el resultado. La actividad física y otros factores modificables siguen teniendo un papel importante.

La idea importante no es «a partir de los 40 todo empeora», sino justamente la contraria: hay margen para entrenar, adaptarse y ganar capacidad física a estas edades.

El entrenamiento de fuerza es una de las herramientas mejor respaldadas

Las revisiones disponibles en mujeres posmenopáusicas muestran que el entrenamiento de resistencia o fuerza puede mejorar distintas medidas de fuerza, condición física y composición corporal.

Y no hace falta pensar únicamente en levantar grandes barras en un gimnasio. Entrenar fuerza significa ofrecer al músculo una resistencia que suponga un estímulo: pueden ser máquinas, pesas, bandas elásticas o ejercicios con el propio peso, según el nivel y las circunstancias de cada persona.

Como referencia general de salud pública, la OMS recomienda que las personas adultas realicen actividades de fortalecimiento de los principales grupos musculares al menos dos días por semana, además de actividad aeróbica regular.

Eso es una recomendación poblacional, no una prescripción individual. La cantidad adecuada, los ejercicios, la carga y la progresión dependen de la experiencia, las lesiones, el estado de salud y los objetivos de cada mujer.

Para fortalecerte necesitas progresar, no castigarte

Una sesión de fuerza solo funciona como estímulo si el cuerpo tiene que adaptarse a ella. Con el tiempo, eso suele implicar alguna forma de progresión: utilizar algo más de resistencia, completar más repeticiones, mejorar la técnica o realizar ejercicios más exigentes.

Pero más no siempre significa mejor.

La evidencia sugiere que el volumen de entrenamiento influye en las adaptaciones musculares, aunque los estudios utilizan programas muy diferentes y no permiten convertir una única rutina en una receta universal para todas las mujeres.

Si estás empezando, la prioridad es construir continuidad y una técnica segura. Un programa modesto que puedes mantener suele tener mucho más valor que una rutina extrema que abandonas a las pocas semanas.

¿Y la proteína?

El músculo necesita aminoácidos procedentes de la alimentación para mantenerse y adaptarse al entrenamiento. Por eso importa cubrir las necesidades de proteína dentro de una alimentación suficiente y variada.

Pero conviene evitar otro mensaje simplista: tomar más proteína, por sí solo, no garantiza ganar músculo.

Una revisión centrada en mujeres posmenopáusicas encontró beneficios de la suplementación con proteína de suero sobre algunos parámetros corporales cuando se combinaba con entrenamiento de fuerza, mientras que sin entrenamiento no se observaron beneficios significativos sobre fuerza o masa magra.

Esto ayuda a poner los suplementos en su sitio: pueden ser una herramienta práctica en determinados casos, pero no sustituyen al entrenamiento ni son imprescindibles para todo el mundo.

Las necesidades concretas de proteína varían según edad, actividad, ingesta total, salud y otras circunstancias. En personas con enfermedad renal u otras condiciones clínicas, cualquier cambio importante en la alimentación debería individualizarse con un profesional sanitario.

músculo = función en la vida real
músculo = función en la vida real
Músculo y autonomía en la vida diaria
Músculo y autonomía en la vida diaria

Comer suficiente también importa

Cuando el objetivo es cuidar músculo, no todo consiste en añadir proteína. Una alimentación crónicamente insuficiente puede dificultar la recuperación y el mantenimiento de tejido corporal.

Por eso, especialmente cuando se intenta modificar el peso, merece la pena evitar planteamientos muy restrictivos que ignoren la fuerza, la función y la calidad nutricional.

El músculo no es un simple número en la báscula. Una persona puede perder peso y al mismo tiempo perder tejido magro; por eso tiene más sentido observar también cómo evoluciona la fuerza, la energía cotidiana y la capacidad física.

Caminar es excelente, pero no cumple la misma función que entrenar fuerza

Caminar tiene múltiples beneficios para la salud y forma parte de una vida activa. Sin embargo, caminar y entrenar fuerza ofrecen estímulos diferentes.

No hay que elegir entre uno y otro. Las recomendaciones de actividad física combinan precisamente actividad aeróbica y ejercicios de fortalecimiento.

Una estrategia sostenible puede incluir caminar, subir escaleras, moverse durante el día y reservar varios momentos semanales para desafiar específicamente a los músculos.

¿Cómo empezar?

No necesitas esperar a sentirte «en forma». Puedes comenzar desde el nivel en el que estás.

Una base razonable consiste en aprender movimientos que involucren grandes grupos musculares, por ejemplo, variantes de sentadilla, empuje, tracción, bisagra de cadera o transporte de cargas, y aumentar el desafío gradualmente.

Si llevas mucho tiempo sin hacer ejercicio, tienes una lesión, dolor persistente, problemas de equilibrio, una enfermedad cardiovascular u otra condición que pueda afectar al entrenamiento, un fisioterapeuta, profesional del ejercicio cualificado o equipo sanitario puede ayudarte a adaptar el programa.

Y si notas una pérdida marcada o inexplicable de fuerza, dificultades nuevas para levantarte, caminar o realizar actividades cotidianas, merece la pena comentarlo con un profesional sanitario. No todo cambio funcional debe atribuirse automáticamente a la edad o a la menopausia.

El objetivo no es parecer más joven: es conservar capacidad

Cuidar la masa muscular después de los 40 no debería convertirse en otra exigencia estética.

Puede entenderse de una forma mucho más útil: entrenamos para conservar opciones.

Opciones para cargar una maleta, levantarnos del suelo, viajar, jugar, trabajar, practicar deporte o seguir realizando de manera independiente las actividades que nos importan.

La longevidad no se mide únicamente en años. También importa cuánta capacidad física podemos conservar dentro de esos años.

Referencias

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  • Sá KMM, et al. Resistance training for postmenopausal women. 2023. PubMed PMID: 36283059. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/36283059/
  • Kuo YY, et al. Effect of whey protein supplementation in postmenopausal women: systematic review/meta-analysis. 2022. PubMed PMID: 36235862. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/36235862/
  • Kirk B, et al. Conceptual Definition of Sarcopenia: Delphi Consensus from the Global Leadership Initiative in Sarcopenia (GLIS). Age and Ageing. 2024;53(3):afae052. https://academic.oup.com/ageing/article/53/3/afae052/7633681
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