Proteína después de los 40: cuánto importa de verdad (y por qué no se trata de comer más sin más)

Proteína real después de los 40

Proteína después de los 40: cuánto importa de verdad (y por qué no se trata de comer más sin más)

Si últimamente tienes la sensación de que la proteína está en todas partes, no es imaginación. Batidos, yogures “proteicos”, barritas, panes enriquecidos y mensajes que prometen conservar el músculo, controlar el hambre o transformar el cuerpo después de los 40.

Detrás de esa atención hay una parte razonable: la proteína es importante para mantener los tejidos y la masa muscular a medida que envejecemos. Pero de ahí no se desprende que todas las mujeres a partir de cierta edad necesiten duplicar su consumo, perseguir una cifra exacta o incorporar suplementos.

La evidencia dibuja una situación bastante más matizada: importa consumir suficiente proteína, pero también importa de dónde procede, cómo encaja en el conjunto de la alimentación y qué hacemos con nuestros músculos.

¿Por qué hablamos más de proteína a partir de los 40?

El músculo no es un tejido estático. Está continuamente renovando sus proteínas y responde, entre otras cosas, a la alimentación y al ejercicio.

Con el paso de los años puede disminuir progresivamente la masa y la función muscular. Este proceso no empieza de golpe al cumplir 40 ni depende exclusivamente de la menopausia. Influyen el nivel de actividad física, la alimentación, enfermedades, periodos de inmovilización, cambios hormonales y muchos otros factores.

Por eso, pensar en la proteína después de los 40 tiene sentido dentro de una estrategia más amplia de envejecimiento saludable. Lo que no tiene sentido es presentarla como una solución aislada.

Las referencias nutricionales europeas establecen para la población adulta una ingesta de referencia de 0,83 gramos de proteína por kilogramo de peso corporal al día. Es una referencia destinada a cubrir las necesidades de la gran mayoría de adultos sanos; no significa que sea necesariamente la cantidad óptima para cualquier persona, edad o situación.

En personas de más edad, las recomendaciones clínicas suelen contemplar cantidades algo superiores. La guía ESPEN sobre nutrición geriátrica señala al menos 1 g/kg/día y recoge que diferentes grupos expertos han propuesto aproximadamente 1,0–1,2 g/kg/día para personas mayores sanas, siempre con ajustes según estado nutricional, actividad, enfermedad y tolerancia.

Esto es importante: una recomendación poblacional no es una receta individual.

Más proteína no significa automáticamente más músculo

Es uno de los matices que más se pierde en redes sociales.

En un ensayo realizado con mujeres posmenopáusicas de edad avanzada, consumir aproximadamente el doble de la ingesta proteica de referencia,  1,6 frente a 0,8 g/kg/día, durante seis meses no produjo una ventaja significativa en masa magra, fuerza o rendimiento físico.

Otro ensayo publicado en 2024 encontró que el entrenamiento de fuerza sí produjo mejoras en masa y fuerza en mujeres posmenopáusicas, mientras que una dieta alta en proteína no mostró un beneficio adicional claro sobre esas variables.

Eso no significa que la proteína sea irrelevante. Significa que el músculo necesita tanto materia prima como estímulo.

Las revisiones más recientes en personas de 50 años o más refuerzan esa idea: cuando se compara la suplementación proteica con intervenciones que además incorporan entrenamiento de resistencia, la combinación puede ofrecer mejores resultados sobre la masa magra que limitarse a añadir proteína.

La pregunta, por tanto, no debería ser solamente “¿cuánta proteína tomo?”, sino también: “¿estoy utilizando mis músculos de forma suficiente para darles un motivo para adaptarse?”

¿Hay que repartirla perfectamente a lo largo del día?

Probablemente hayas visto recomendaciones que exigen una cantidad concreta de proteína en cada comida.

Existe una lógica fisiológica detrás de intentar no concentrar casi toda la proteína del día en una única comida. Algunos ensayos en adultos mayores sugieren que una distribución más uniforme puede favorecer el balance proteico corporal.

Pero la evidencia sobre una distribución “perfecta” todavía es limitada e inconsistente. Una revisión específica sobre esta cuestión concluyó que resulta difícil separar el efecto del reparto del efecto de consumir suficiente proteína en total.

Para la vida cotidiana puede ser más útil una pregunta sencilla:

¿Hay alguna fuente razonable de proteína en mis comidas principales o estoy llegando a la cena intentando compensar todo el día?

Un desayuno con yogur y frutos secos, unas lentejas al mediodía y pescado, tofu o huevos por la noche pueden ser una estrategia perfectamente válida sin necesidad de convertir cada plato en una operación matemática.

¿Y la saciedad?

La proteína puede influir en la sensación de saciedad, especialmente después de una comida.

Una revisión sistemática y metaanálisis de ensayos controlados encontró que, a corto plazo, una mayor cantidad de proteína podía disminuir el hambre y aumentar la sensación de plenitud. Sin embargo, los resultados de intervenciones mantenidas durante más tiempo fueron bastante menos concluyentes.

Esto ayuda a desmontar otro mensaje demasiado simplificado: comer más proteína no es una garantía automática de perder peso ni de dejar de tener hambre.

El apetito está influido por muchos factores: el sueño, la cantidad total de comida, la fibra, el estrés, la actividad física, la densidad energética, las preferencias, las restricciones alimentarias y el contexto emocional, entre otros.

La proteína puede formar parte de una comida satisfactoria. No necesita convertirse en una herramienta para controlar cada señal de hambre.

Proteína + fuerza
Proteína + fuerza
Muchas fuentes de proteína
Muchas fuentes de proteína

La fuente de proteína también importa

Dos alimentos pueden aportar una cantidad parecida de proteína y, al mismo tiempo, ofrecer perfiles nutricionales muy distintos.

Por eso tiene más sentido hablar de alimentos y patrones dietéticos que de gramos aislados.

Entre las opciones que pueden formar parte de una alimentación variada encontramos:

  • legumbres como lentejas, garbanzos o alubias;
  • tofu, tempeh y otros alimentos de soja;
  • frutos secos y semillas;
  • pescado y marisco;
  • huevos;
  • leche, yogur y otros lácteos, o alternativas adecuadamente fortificadas;
  • aves y carnes, priorizando las opciones menos procesadas.

El informe científico elaborado para las guías alimentarias estadounidenses de 2025 puso especial énfasis en aumentar la presencia de legumbres, frutos secos, semillas y soja, y en reducir la dependencia de carnes rojas y procesadas. El motivo no es solo la proteína: el efecto sobre la salud depende del patrón alimentario completo y de los demás nutrientes que acompañan a cada alimento.

Una ración de lentejas, por ejemplo, no solo aporta proteína: también aporta fibra y otros nutrientes. El pescado puede añadir ácidos grasos de interés nutricional. El yogur puede contribuir al aporte de calcio. Los frutos secos suman grasas insaturadas.

Pensar así suele ser bastante más útil que preguntar únicamente cuál es “la proteína con más proteína”.

¿Necesitas un suplemento?

Para muchas personas, no.

Un batido de proteína es, fundamentalmente, una forma concentrada y cómoda de aportar proteína. Puede resultar práctico cuando cuesta cubrir necesidades con alimentos habituales, por falta de apetito, horarios complicados, determinadas preferencias o dentro de un plan nutricional concreto.

Pero no tiene propiedades mágicas por presentarse en polvo.

En personas mayores con sarcopenia o determinadas situaciones clínicas existen estudios sobre suplementación, y algunas revisiones encuentran beneficios cuando se combina con entrenamiento de fuerza. Eso no convierte el suplemento en una necesidad universal para cualquier mujer mayor de 40 años.

Antes de comprar un producto porque “a esta edad ya toca”, merece la pena revisar algo mucho más básico: qué comes realmente durante el día.

Un ejemplo sin contar cada gramo

Imagina un día así:

Desayuno: yogur natural o alternativa de soja fortificada, avena, fruta y un puñado de nueces.

Comida: ensalada de lentejas con verduras, aceite de oliva y huevo, tofu o una pequeña cantidad de otro alimento proteico según preferencias.

Merienda: fruta acompañada de yogur, queso, hummus o frutos secos si apetece y encaja en el día.

Cena: verduras con pescado, tortilla, tofu o legumbres, acompañadas de patata, arroz, pan integral u otra fuente de hidratos según hambre y actividad.

No es un menú prescrito ni existe una combinación obligatoria. La idea es observar cómo la proteína puede aparecer de forma natural dentro de una alimentación variada, en lugar de añadirse como una misión independiente.

Hay situaciones en las que las cifras de internet no sirven

Las necesidades cambian cuando existen determinadas enfermedades o situaciones clínicas.

Un ejemplo importante es la enfermedad renal crónica. La National Kidney Foundation recuerda que la cantidad apropiada de proteína depende del estado renal y que las indicaciones pueden ser muy distintas, por ejemplo, antes y después de iniciar diálisis.

También pueden necesitar valoración individual las personas con bajo peso, pérdida involuntaria de peso o músculo, enfermedades digestivas, problemas para comer, recuperación de una enfermedad importante u otras condiciones médicas.

En esos contextos no es prudente copiar una cifra de una calculadora, un vídeo o una publicación. El objetivo debe individualizarlo un profesional sanitario o dietista-nutricionista cualificado que conozca la situación completa.

Entonces, ¿qué merece la pena recordar?

Después de los 40, prestar atención a la proteína puede ser una buena idea; obsesionarse con ella, no necesariamente.

Las prioridades prácticas son bastante menos espectaculares que muchos mensajes de internet:

  1. Comprueba que tu alimentación incluye fuentes de proteína suficientes y variadas.
  2. No necesitas concentrarlo todo en una sola comida; repartir alimentos proteicos durante el día puede ser práctico.
  3. Da prioridad a la calidad global de la dieta, no solo al número de gramos.
  4. Recuerda que para conservar la función muscular el entrenamiento de fuerza tiene un papel central.
  5. Considera los suplementos como una herramienta posible, no como un requisito.
  6. Si existe una enfermedad o una situación nutricional especial, individualiza.

Porque el objetivo no es ganar una competición de proteína.

Es ayudar a que tu alimentación, tu actividad física y tus hábitos trabajen juntos para sostener tu salud y tu autonomía durante muchos años.

Referencias

  • EFSA. Dietary Reference Values for protein (2012). PRI para adultos: 0,83 g/kg/día. https://www.efsa.europa.eu/en/press/news/120209
  • Volkert D, et al. ESPEN practical guideline: Clinical nutrition and hydration in geriatrics. Clinical Nutrition. 2022;41:958-989. En personas mayores: al menos 1,0 g/kg/día; con frecuencia se sugieren 1,0–1,2 g/kg/día en mayores sanos, con individualización. https://2022.espen.org/files/ESPEN-Guidelines/ESPEN_practical_guideline_Clinical_nutrition_and_hydration_in_geriatrics.pdf
  • Effects of high protein, low-glycemic index diet on lean body mass, strength, and physical performance in late postmenopausal women: a randomized controlled trial. Menopause. PMID 33201025. 1,6 g/kg/día no mejoró masa magra, fuerza ni rendimiento frente a 0,8 g/kg/día durante 6 meses. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/33201025/
  • Analysis of combinatory effects of free weight resistance training and a high-protein diet on body composition and strength capacity in postmenopausal women – A 12-week randomized controlled trial. PMID 39232439. El entrenamiento de fuerza mejoró masa y fuerza; una dieta alta en proteína no mostró un beneficio añadido claro. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/39232439/
  • Comparison of the Effectiveness of Protein Supplementation Combined with Resistance Training on Body Composition and Physical Function in Healthy Elderly Adults. PMID 39889852. Metaanálisis en ≥50 años: la combinación de fuerza y suplementación proteica superó a la suplementación sola para masa magra. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/39889852/
  • Protein Distribution and Muscle-Related Outcomes: Does the Evidence Support the Concept? PMID 32429355. La evidencia sobre una distribución óptima es limitada e inconsistente; importa asegurar una ingesta total adecuada. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/32429355/
  • Even or skewed dietary protein distribution is reflected in the whole-body protein net-balance in healthy older adults: A randomized controlled trial. PMID 37086618. Un reparto más uniforme puede mejorar el balance proteico corporal en mayores, sin establecer una regla universal. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/37086618/
  • Effect of short- and long-term protein consumption on appetite and appetite-regulating gastrointestinal hormones: a systematic review and meta-analysis of randomized controlled trials. PMID 32768415. La proteína puede aumentar saciedad a corto plazo; los efectos sostenidos son menos concluyentes. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/32768415/
  • Scientific Report of the 2025 Dietary Guidelines Advisory Committee. Apoya patrones con más legumbres, frutos secos, semillas, soja y pescado, y menos carnes rojas y procesadas; la calidad global de la dieta importa. https://www.dietaryguidelines.gov/2025-advisory-committee-report
  • National Kidney Foundation. CKD Diet: How much protein is the right amount? En enfermedad renal crónica las necesidades de proteína deben individualizarse; no aplicar objetivos altos por cuenta propia. https://www.kidney.org/kidney-topics/ckd-diet-how-much-protein-right-amount

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